Seleccionar página

Hemos vuelto a llegar ese momento en el que nos invade la mezcla de sentimientos, entre tristeza de que se hayan acabado otra fantástica edición del Festival Trayectos, con el sentimiento de gratificación haber presenciado una gran variedad de espectáculos, de distintas calidades y registros.

 

Por lo pronto, les dejo con mis comentarios de lo que fue programado en la tarde de su cuarta y última jornada:

 

 

 

Foto: Marta Aschenbecher MIMÖI

Foto: Marta Aschenbecher MIMÖI

 

[Estreno] “STAGE DIVING”  ANA COTORÉ (Aragón).

Coreografía e interpretación: Ana Cotoré. Apoyo coreográfico: Ana Vallés.

Cuando uno se propone hacer llegar un mensaje al público del cual prima el texto y demás elementos que relacionaríamos con lo teórico, hay que tener la templanza que a uno le ayude a encontrar el equilibrio entre poner elementos que uno considera imprescindibles (por el motivo que fuere), con aquello que le termine “nublando” la vista a los espectadores. Claro que en las artes escénicas conviven una multitud de formatos que nos brindan terrenos vastísimo de posibilidades. No obstante, el que nos resulten familiares, no implica que uno haya conseguido dominarlos. A dónde quiero llegar con esto, es que tengo la impresión de que STAGE DIVING es un trabajo que todavía debería estar en medio de su proceso de investigación y montaje.

Los creadores precisan apoyarse en todo momento en lo que compone el marco conceptual de su pieza en juego, para luego ir diluyéndolo en medio de un proceso de síntesis, que lleve consigo que en un simple gesto pueda estar contenido un sinfín de cosas que les dieron lugar. Eso sí, antes de cerrar cada acción es cierto que ha de estar presente aquello que articule la estructura de la pieza. Puede ser usada cualquier cosa con  dicha finalidad, más no se ha de sacrificar  la captación y la conservación de la atención público, dado que cuando estamos hablando de artes escénicas, estamos hablando de un acto comunicativo. Y si se da el caso de que el intérprete no consigue que su mensaje llegue al público de forma efectiva, habrá que hacer una reevaluación de la pieza.

Recuérdese que no es lo mismo hablarle a una persona o a un auditorio, que dirigirse a los mismos desde un lenguaje extra cotidiano, donde haya margen a diversas interpretaciones; como también, el atender por parte del público supone que éste, de más sí que cuando uno hace de las veces de interlocutor en medio de una conversación. Para ello, entre otras cosas, el intérprete se las ha de ingeniar para seducir  a sus espectadores, con el fin de que así éste los lleve a dónde tiene previsto ¿En qué medida STAGE DIVING, no ha conseguido por entero lo antes expuesto? Pues desde mi punto de vista, en lo que se refiere a que hay varias cosas que la conforman que a uno le hacen preguntarse si la mayoría de sus movimientos danzados, lo ejecuta de esa manera porque en esta pieza se aborda a un personaje que está en un estado “desmelenado” (de todas formas, he de reconocer que esto sería propio de un debate que causa controversias en las artes escénicas contemporáneas), o bien que la intérprete en juego aún le faltan más horas de ensayo, bajo el asesoramiento de una persona más versada en aquello que convenga hacer mayor incidencia.

En cuanto el creador y el intérprete deciden representar una cosa de una manera determinada, éste está asumiendo la responsabilidad de que lo ofrece al público es una sentencia (cono todo lo que ello implica). Claro, que el rodaje de una pieza al creador y al intérprete le permitiría seguir ajustando lo que fuere, o bien comprobar que toda va bien encaminado. En esta línea, es importante decir que siempre se corre un riesgo a la hora de representar una pieza que se mueve en los ámbitos menos convencionales como es el caso de STAGE DIVING. Lo cual nos ha de ayudar a modular el cómo aplicamos nuestros criterio ante una pieza, que difiere en varios aspectos a las preferencias propias.

En definitiva, STAGE DIVING ha sido un trabajo que no me ha llegado, y ello me ha inducido a estar preguntándome el cómo esa acción y las otras que puso en juego Ana Cotoré, me han podido guiar por el “viaje” que nos ha ofrecido esta profesional aragonesa. Dicho lo anterior, no se ha descartar de ningún modo, que este puede ser mi caso y el de alguno más, he allí que invite a Ana Cotoré a la reflexión por encima de cualquier otra cosa.

 

 

Foto: Marta Aschenbecher MIMÖI

Foto: Marta Aschenbecher MIMÖI

 

[Estreno] “Insomnia” de LOS DÍAS DE PENÉLOPE (Aragón).

Coreógrafa: Ingrid Magrinyà    Intérpretes: Ingrid Magrinyà, Ariadna Llussà.

Antes que nada, conviene aclarar que en un inicio se iba a representar QUISIERA HABER PODIDO MORIR EN TUS BRAZOS de esta compañía, antes que Insomnia (la cual estaba previsto estrenarla el próximo mes), pero la lesión a falta de unas pocas horas de la representación de dicho espectáculo, de uno de los profesionales que integran a esta compañía aragonesa, nos ha conducido a esta coyuntura. Lo cual emplazó a Ingrid Magrinyà y a Ariadna Llussà ante una situación en la que tocaba ser resolutivos y coger aire, para que la pieza no se vea desmerecida, a pesar de que la organización del Festival Trayectos lo comunicase a nosotros los espectadores, antes dar pie a la representación de Insomnia. Piénsese que por más que se avise a uno como espectador que va a ver un trabajo interpretado por profesionales de las artes escénicas que están enmarcados en dicha tesitura, muchos no redirigen su evaluación a la hora de calificar la calidad del trabajo en juego. Ello sería motivo de un debate interesantísimo, pero a lo que aquí nos convoca es referirnos a lo que se vio en escena de la Plaza San Bruno.

Insomnia consiguió tenernos, a nosotros los espectadores, “atrapados” en el interior de un trabajo que supo reflejar varios de los principios del arte barroco, de los cuales se hace alusión en su sinopsis. Esto es: cuestiones como conseguir la unidad desde la multiplicidad de la puesta en diálogo de sus elementos en juego; o qué decir sobre que en dicho diálogo, se genera una apertura a tantas  posibilidades, que el espectador termina siendo testigo  de cómo al final de la pieza, se percibe que todo queda en orden (esto último se percibe con mayor claridad, en el caso de la música barroca). En esta línea, Insomnia  se erige como una pieza compuesta por un sinfín de movimientos que aparecen y desaparecen; otros que se quedan en el campo de la anécdota; algunos se resignifican después de ser presentados después de que se haya pasado esto y lu otro… He allí que haya visto en este trabajo, un germen para el montaje de una versión de cuarenta y cinco minutos, por más que el resultado de este trabajo haya quedado redondo.

Era hermoso ver el cómo la interacción de las dos intérpretes iba evolucionando en consonancia con la dramaturgia de esta pieza, siendo coherentes con una estructura interior compleja de descifrar, cosa que encaja con el hecho de que sea eficaz a la hora de sostener un trabajo que era más “bailado” que narrativo. Incluso hubo momentos en la interpretación de Ingrid Magrinyà y a Ariadna Llussà, en donde se permitieron sacar a la luz cierto sentido del humor venido, probablemente, de sus amplias trayectorias con la danza clásica. Desde luego, da gusto cómo profesionales procedentes de este tipo disciplinas tan codificadas como es el caso de la danza clásica, se prestan a repensarlas desde un lugar tan fecundo de posibilidades como lo es la danza contemporánea, manteniendo un cariño y respeto que contribuyen a que ambas disciplinas se enriquezcan mutuamente, más allá de su nada desdeñable historia compartida.

Se vieron imágenes que derrochan creatividad y amor a lo que se hacía. Conservando una humildad y una capacidad de trabajo, que dignificaban a cada uno de sus estilizados y elegantes movimientos; que dicho sea paso, nos fueron interpretados con un sentido del ritmo que dotó de mayor profundidad a todo aquello que articuló este trabajo.  Disfruté mucho con Insomnia, y me he quedado con ganas de conocer más del repertorio de esta compañía aragonesa.   

 

Foto: Marta Aschenbecher MIMÖI

Foto: Marta Aschenbecher MIMÖI

 

“THE BEAUTY OF IT” de  ÀNGEL DURÁN (Cataluña).

Coreografía e interpretación: Àngel Durán.

Tuve la oportunidad de ver esta pieza en el patio interior del CICUS (Sevilla), a raíz de la programación que se ofertó en la edición del presente año del ciclo Ahora Danza! Y revisando la crítica que hice de The Beuty of It , pues, he de decir que no ha cambiado en nada mi análisis, aunque si he de añadir que la percibí mucho más sólida. Por tanto, me pude permitir verla en esta ocasión, ya con unas referencias asentadas. Sin más añadir, les derivo a lo escribí en aquella crítica con algún retoque, que se adapta al contexto del Festival Trayectos. Esto es:

Esta pieza es un buen ejemplo sobre lo mucho que puede cambiar su presentación ante un público si se hace dentro de “la caja negra” de un teatro, a representarla en un espacio no convencional, como la Plaza del Justicia. Siendo que aunque ambas situaciones se estaría planteando, básicamente, lo mismo; las correspondientes percepciones serían tan diferente, que hasta casi que habría que alterar la sinopsis. Esto es: Si este trabajo se nos emplaza con una iluminación que iría a la par de la estructura del mismo, entonces no cabría duda que The Beauty of it aborda un tema universal que nos interpela a todos. En tanto y cuanto, se está reflejando el cómo la condición humana está sostenida por la dualidad consciente e inconsciente, expuesta dentro  de una de las teorías del psicólogo Carl Jung, de la cual se apoya el montaje en cuestión.

Sin embargo, si la misma nos es interpretada sin cambios de luz, ni cosa que se le parezca. Esto nos conduce a que el personaje que representa Àngel Durán, se convierte en un sujeto que  “desvaría” (por así decirlo). Así, a nosotros espectadores,  se nos ha trasladado a un lugar donde somos testigos de todo lo que le sucede a este sujeto, sin que éste tenga la forma de saber que estamos observándole con atención. O dicho de otra manera: pocas veces me he sentido fuera del rol de espectador, tal y como me ha pasado con este espectáculo.

Lo anterior me resulta de lo más estimulante, porque demuestra que The Beauty of it es un trabajo que tiene muchas más posibilidades de lecturas, que lo que quiere expresar por sí solo. Es más, su representación nos ha de valer como aviso de que la iluminación es un elemento que no sólo ha de ser entendido, como para acentuar una cosa concreta,  guiar la mirada de los espectadores,  y demás cosas por el estilo. Lo que me lleva a afirmar, que esa carencia de un diseño de iluminación en funcionamiento no ha perjudicado a este trabajo, porque el peso de la pieza lo tenía que sostener Àngel Durán. Quien ha hecho un sobreesfuerzo por llamar y conservar nuestra atención ¡Y vaya si lo hizo!

Que quede por delante que The Beauty of it es un montaje sumamente denso, que se arriesga a que el público se “vaya del escenario” para pensar en sus cosas, dado que la misma precisa que uno “entre en su juego”. Ello, si está bien justificado (como es el caso) me parece maravilloso, un signo de valentía, y no menos reseñable, algo que contribuye a crear a un público versado y reflexivo. Que conste que la estructura de esta pieza se desarrolló casi por si sola (una vez que se levantó del sillón, en el cual inició la acción), siendo que la misma nos ofreció lo que se fue engendrando de principio a fin.

Si es que Àngel Durán nos desplegó todo un repertorio de estados corporales, que supo defender con la consistencia que así le exigieron sus ambiciones para con esta pieza.  Pues, piénsese la gran diferencia que hay entre “parecer” una persona que desvaría, con encarnar una estilización de una persona que está padeciendo unas idas y venidas de su cabeza. Que visto lo visto, resultaba imperceptible saber si este profesional catalán, interpretó a un único personaje a lo largo del desarrollo de este trabajo.

Sin olvidar, que todo lo anterior salió a la luz a través de una coreografía que implicaba una precisión técnica, sangre fría y un grado de concentración tan grande, que justo esto último, es donde residía el magnetismo que a uno le inducía a seguir viendo este trabajo. Haciendo que nosotros los espectadores, mantengamos durante su desarrollo la curiosidad de qué tan lejos era capaz de llegar The Beauty of it.

 

Foto: Marta Aschenbecher MIMÖI

Foto: Marta Aschenbecher MIMÖI

 

“AM I WHAT?” de  ELVI BALBOA (Galicia).

Coreografía: Elvi Balboa.  Intérpretes: Joan Aguilà, Lucía Bocanegra, Paula Serrano, Carla Moll, Marta García, Manuel Montes.

Ver Am I What?  te pone las pilas como espectador. Dado que les hablo de un trabajo cuyo montaje se propuso que la energía de sus intérpretes no bajase lo más mínimo (lo cual no entra en contradicción, con sus bien seleccionados momentos de contención dramática y física). Generándose en el espacio escénico una especie “arquitectura efímera”, que sólo era perceptible a través de los desplazamientos de los intérpretes.  Lo que me lleva a decir, que pocas veces me he quedado con la sensación de que fueron los intérpretes lo que constituían el espacio escénico, no los mismos los que se adaptaban a sus condiciones materiales.

Claro, que trabajar con un grupo más o menos numeroso de intérpretes se presta a tal posibilidad, pero al mismo tiempo, ello añade dificultad a la hora de dirigir un trabajo, que dicho sea de paso, eran puntuales los momentos en los que se podía decir que sus intérpretes se desenvolvían siguiendo una variación cerrada. Y por más que Am I What?  estuviese bien sujeta, el caso es que se asumió el riesgo de que las acciones que se iban sucediendo a lo largo de pieza, pasasen de la contracción a la expansión grupal; de cambios de ritmos a que a veces eran frenéticos; o que poner a disposición de nosotros los espectadores, varios focos a los cuales atender a la vez. Y como si lo anterior no fuese suficiente, Elvi Balboa lo fue disponiendo de tal modo que no había manera de que fuese predecible, nada de lo que estaría por irrumpir. Sí “irrumpir”, porque en este trabajo los enlaces se daban llevando hasta el límite todo. Esto es: había suspensiones, rupturas, momentos de saltar profundamente una respiración…  En definitiva, sentía que estaba bailando con ellos.

Y si encima uno vuelve a consultar la sinopsis de esta pieza después de verla, entiendes el profundo trabajo de investigación escénica en el que estuvieron enmarcados todos los involucrados. Siendo que se atrevieron a tratar el tema de cuál es el lugar de un individuo de cara al grupo y ante sí mismo en consecuencia. En medio del contexto  que propicia la danza en el que la versatilidad y autonomía de un intérprete, exige un más allá de tener un dominio de los movimientos que le correspondería ejecutar en un montaje en el que forme parte del elenco. Pues, ser un profesional de la danza también pasa por tener templanza  a la hora de gestionar las emociones y los pensamientos que a uno le “visitan” en cada momento; supone saber encontrar el lugar que ocupa cada uno para que el grupo prospere, en la medida de que si todos cumplen satisfactoriamente sus funciones, el grupo se beneficiará; etc…,

Me pregunto qué de reflexiones habrán compartido estos profesionales entre sí, durante el proceso de creación de este trabajo. Ya que lo que se mostraba en escena sólo hubiese sido posible interpretarlo con esa determinación, si uno no se ha dejado atravesar por estas experiencias y pensamientos; y más aún si ello se expresa como algo común en todos los intérpretes, en lo que respecta a lo individual y en lo grupal. Quizás haya quien haya percibido en un momento u otro durante la representación de esta pieza, algunas ejecuciones toscas y “descuidadas” en lo técnico, pero ello tenía que formar parte de una línea de trabajo en el que el cuerpo de sus intérpretes, estaba expuesto a situaciones en la que estuviese disponible para salir ileso a lo que sea que se terciase, porque ahora toca hacer esto y después lu otro, “y ya dentro de un rato se podrá descansar, o no” ¡Era impresionante!

Les reconozco que Am I What?  era de las piezas que más expectativas tenía de lo programado en la 19º edición del Festival Trayectos, y la misma las cumplió todas. Porque es un trabajo sesudo, aguerrido, maduro…, y lo más esperanzador de todo lo que les cuento, es que todos los profesionales involucrados con esta pieza, han demostrado un potencial tan grande que parece que apenas hemos visto algo de lo que estarán por hacer en los próximos años.

 

 

 

El Festival Trayectos y el centro ETOPÍA continúan con su fecunda confluencia

 

 

 

Comparte este contenido