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La calurosa noche del 21 de junio de 2026 quedará grabada a fuego en la memoria de los asistentes que abarrotaron la imponente Plaza de España de Sevilla. El festival Icónica fue testigo de una velada donde el folclore, la electrónica y la reivindicación se fundieron en un único grito. No era un concierto más, era un aquelarre contemporáneo oficiado por dos formaciones que mejor han sabido reinterpretar las raíces del sur: los sevillanos de Califato ¾ y los granadinos de La Plazuela.

 

Foto: Juan Antonio Gámez

 

Desde los primeros compases, el público demostró que no solo había ido a bailar, sino a comulgar con una vanguardia que jamás pierde el respeto por la ortodoxia flamenca, una evolución rítmica y armónica que venimos analizando de cerca a través de la crónica cultural de la escena andaluza contemporánea.

Fueron los profetas del folklore futurista, Califato ¾, los encargados de abrir el telón. A las ocho y media de la tarde, Manuel Chaparro llamaba a filas al respetable al grito de “¡vamos allá mis valientes, a esta es!”. Arrancaron haciendo sonar “Crîtto de la Nabaha”, escoltados por impactantes murales en las pantallas donde asomaba La Canina, además de figuras ineludibles de la imaginería underground local, ya que se pudo ver la figura de El Penumbra y a Silvio Roquero vestido de cura. Este imaginario visual hizo casi perder la cabeza al público más devoto que ya conquistaba las primeras filas, convirtiendo la plaza en una rave procesional con temas como “Bulería del aire acondicionao” y “Tû cadenâ”.

Foto: Juan Antonio Gámez

El primer gran estallido de la tarde cristalizó cuando los granadinos de La Plazuela asaltaron el escenario antes de su propio turno para interpretar de forma conjunta la magnética “Pintora”. Poco después, llegó el sobrecogimiento absoluto con la irrupción de la excelente cantaora María Terremoto. La artista jerezana prestó su quejío visceral a la maquinaria electrónica en una tanda por bulerías al estilo de La Paquera. Fue un instante donde la pureza de la sangre flamenca y la experimentación dejaron al público con el corazón en un puño.

Foto: Juan Antonio Gámez

Pero los sevillanos no solo exhibieron su apisonadora musical; convirtieron el recinto en una auténtica trinchera. Aprovecharon la cita para desplegar una pancarta sobre la crisis habitacional, fundiendo su mensaje con banderas pro palestinas y exigencias de un alto al genocidio, además de clamar en una férrea defensa por una educación y sanidad públicas de calidad. El broche a su incendiario show llegó con el canto unánime del Himno de Andalucía.

Foto: Juan Antonio Gámez

Con la noche cayendo definitivamente sobre los azulejos de Aníbal González, La Plazuela tomó los mandos arrancando con los acordes de “Si miro patrás“. El dúo nazarí demostró por qué es el faro del nuevo flamenco urbano, encadenando himnos ineludibles como “La primerica helá” y “De 2 en 2“. Su directo brilló especialmente en las esperadas colaboraciones de su set: invitaron a Ángeles Toledano para bordar con duende “Sólo eres pa mí” y a David de Jacoba para desatar la magia en unas pletóricas “Alegrías de la Ragua / Bulerías de la Guardia“. Transformando la recta final en una gigantesca pista de baile con cortes irresistibles como “Peíname Juana” y “Realejo Beach“, prolongaron el poderoso mensaje de andalucismo militante. La velada concluyó con la certeza de que, mientras existan artistas dispuestos a fundir el sudor del compás con el compromiso social, el corazón de Andalucía seguirá latiendo con una fuerza indomable.

Entrevista a Califato ¾: la rave flamenca que desafía el grid

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