El 27 y 28 de febrero, a las 20:30 horas, el Teatro Central de Sevilla acoge La Patética, el nuevo montaje de Miguel del Arco para el Centro Dramático Nacional. Inspirada libremente en Morir, de Arthur Schnitzler, la obra traza el retrato de un director de orquesta enfrentado a su propia muerte mientras ensaya la Sinfonía n.º 6 de Piotr Ilich Chaikovski. Tras la representación del día 27 tendrá lugar un encuentro con el público.
La Patética, de Miguel del Arco, es una obra que ensaya la muerte, la pone a prueba, la discute, la contradice y, en algún momento, incluso se permite burlarse de ella. El resultado es una pieza que avanza sobre la cuerda floja entre el delirio y la lucidez.
La trama parte de una premisa inquietante. Pedro Berriel, director de orquesta, 53 años, enfermedad terminal, trabaja en la grabación de la Sinfonía n.º 6 de Chaikovski. La célebre Patética es su obsesión, una superficie donde el protagonista proyecta su propia biografía en tiempo de descuento. En los ensayos, el compositor ruso aparece y dialoga con él, siendo un interlocutor incómodo, casi como conciencia artística.
La inspiración remota en Morir, de Arthur Schnitzler, toma de la novela la pulsión central —la conciencia de finitud que desordena afectos y certezas— y la desplaza hacia el territorio del creador contemporáneo. ¿Qué significa dejar una obra cuando el cuerpo empieza a retirarse? ¿Es posible que el legado sea algo más que una ilusión cuidadosamente editada?
En el texto hay ironía, incluso aspereza. Pedro es un artista brillante y por momentos insufrible, capaz de ternura y de egoísmo en la misma escena. Su marido, Jon, representa el anclaje en la realidad médica, la insistencia en el tratamiento, la voluntad de prolongar la vida aun a costa del proyecto artístico. En ese choque se instala uno de los nervios de la función: la tensión entre sobrevivir y crear.
La dimensión política irrumpe cuando Pedro acepta dirigir La Patética en Moscú, en un evento presidido por Vladimir Putin. La elección no es inocente. En ese contexto, la música se convierte en campo simbólico y el escenario, en posible espacio de confrontación. Si no puede garantizar su posteridad con una grabación definitiva, tal vez pueda inscribir su nombre en otro registro: el del gesto público, el del desafío.
Miguel Del Arco construye la obra como una conversación constante entre planos: realidad clínica, fantasía creativa, memoria musical y coyuntura política. No hay fronteras nítidas; el delirio se filtra en el ensayo y la partitura contamina la vida doméstica. Esa mezcla evita el tono didáctico y sostiene una pregunta que no se formula de manera explícita pero atraviesa toda la pieza: ¿Quién dirige a quién?, ¿El artista a la obra o la obra al artista?
En tiempos en que la cultura discute su lugar frente al poder y frente a la urgencia de lo inmediato, La Patética propone algo menos evidente y más incómodo: pensar la creación como una forma de resistencia íntima. No como consigna, sino como necesidad. Al final, lo que está en juego no es solo la interpretación de una sinfonía, sino la posibilidad de que el arte otorgue sentido cuando el tiempo empieza a agotarse.
Intérpretes Emilio Buale, Fran Cantos, Inma Cuevas, Israel Elejalde, Juan Paños, Manuel Pico y Francisco Reyes
Escenografía Paco Azorín
Iluminación David Picazo Diseño
Vestuario Ana Garay
Composición musical Arnau Vilà
Espacio sonoro Sandra Vicente
Ayudante dirección Pablo Ramos Escola
Coach dirección orquestal Asier Eguskitza
Producción ejecutiva Pablo Ramos Escola
Dirección de producción Jordi Buxó y Aitor Tejada
Distribución Caterina Muñoz Luceño
Una coproducción de Centro Dramático Nacional y Teatro Kamikaze
DURACIÓN 2H
ENCUENTRO CON EL PÚBLICO 27 de febrero, tras la representación.

