Seleccionar Página

¿En qué medida perseguir un sueño va a dotar de sentido a nuestras vidas, o en realidad, estamos buscando una forma más concebible de esperar a la muerte?¿Cómo subsistir, ontológicamente, en un mundo en el que la idea del “yo” está envenenada de autoficciones que están diseñadas para “huir hacia adelante”, cuando, digamos, la cosa se complica? ¿En qué lugar queda la vocación hacía algo y la esperanza en todo esto? Estas y más preguntas me resultaron ineludibles de aproximarme tras haber visto Manual para armar un sueño.

 

Los integrantes de esta compañía andaluza nos representaron una sucesión de escenas en las que el subtexto de lo que se dice y lo que está pasando es lo más importante. Sin olvidar, que el mismo, aún deja la puerta abierta a más interpretaciones a aquellos espectadores que se inclinen por dejar riendas sueltas a su imaginación y capacidad de hacer poesía y filosofía de lo que fuere. Tanto fue así, que de cada escena de esta pieza se podría extraer una “semilla” para sacar a adelante una nueva obra. Y aún con todo, da la sensación de que Manual para armar un sueño va dando vueltas y vueltas entorno a lo mismo, sin que parezca que se avanza: Algo así como de no arrojarse el sujeto a vivir su propia vida, el pensar sobre esos grandes aforismos que han constituido el imaginario de nuestra cultura occidental, se quedan en un mero divertimento para nuestro intelecto. He allí que los integrantes de La Zaranda se valgan de un sinfín de recursos literarios para representar y “bajar a tierra”, todo lo que nos pasa en tanto seres humanos.

 

¿Será posible que nuestra condición humana no nos permite desenvolvernos en otro tipo de parámetros, o por el contrario, cabe constituir un nuevo “vocabulario” y “gramática” para repensar lo que hemos tenido hasta ahora ante nuestros propios ojos?… Sin lugar a dudas, uno puede continuar formulando preguntas hasta el infinito, pero ello no nos garantiza que nos estemos acercando más a las respuestas que nos reconfortarían, y más aún si cabe, con el para qué seguir viviendo. Desde luego que, Eusebio Calonge ha vuelto a dirigir uno de esos trabajos en los que su humor se entronca en el tomarse en serio vivir. Y no como si ello fuese una tragedia o una condena en el que estamos con poco margen de maniobra, si como espacio en el que ejercitar actos performativos es donde ejercemos nuestra libertad, empezando por eso de que ampliamos nuestra capacidad de elegir.

Una vez más, el movimiento se perfila como la única constante percibirle en la que nos podemos apoyar, lo demás nos abocaría a tropezarnos con nuestros propios talones, intentando construir una “ciencia natural” de una cosa tan difícil de cuantificar, como lo es el vivir. Y no con ello quiero decir que la esperanza haga de las veces del “combustible” que nos permita continuar, sino que hemos de redefinirla de manera práctica. Bajo el fundamento de que de dirigirse hacía una dirección determinada es un medio para alcanzar nuestra emancipación como sujetos, no la “ruta” a lo que hemo invertido toda nuestra empresa. Después llegan las decepciones, la sensación de vacío tras haber alcanzado, supuestamente, había anhelado, etc.… El caso es que esos síntomas nos deberían servir como un aviso, de que buscarle un “sentido a la vida” nos sitúa en un terreno notoriamente endeble.

 

En lo que se refiere a la puesta en escena de Manual para armar un sueño, yo destacaría que el diseño de iluminación como la intencionalidad con la que manipulaban los objetos que estaban en escena por parte de Gaspar Campuzano, Enrique Bustos y Francisco Sánchez, evocaba a que, nosotros los seres humanos, nos desenvolvemos en un entorno sombrío y hostil, en el que llegar a vivir otro tipo de vida supone cavar hacía arriba, y no con la garantía de que “todo irá mejor”, pero si que seguro las cosas serán de otra manera. Así, el sujeto se responsabiliza de su propia vida y no se está culpabilizando/victimizando de las cosas que no terminan de funcionar, a pesar de sus esfuerzos. A dónde quiero llegar, es que estos profesionales pusieron todo a la disposición de, nosotros los espectadores, para si quiera ver esta obra nos saque de buscar “distracciones” que nos desviarían de confrontar lo que nosotros llevamos abordando desde el día que caímos en consciencia de que estamos vivos.

En definitiva, Manual para armar un sueño me parece un trabajo enigmático y mágico, hecho con un rigor y una entrega por parte de los profesionales involucrados, que a uno le desborda. Pues, estos profesionales no están para complacencias ni para conseguir “aplausos fáciles”, ellos tienen muy claro cuál ha de ser función y cometido a la hora poner algo en escena. Y con ese punto de partida, al menos dignifican a su entorno.

 

Hiraeth de C-Art Dance y el largo camino que supone componer una pieza escénica para el conjunto de los espectadores

 

 

 

Comparte este contenido