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Visión y presencia, el ciclo de performances de artistas mujeres que alcanza su quinta edición en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, inicia andadura el 21 de enero con Silencio roto para un encuentro en los límites habitables de María Vallina.

 

Silencio roto para un encuentro en los límites habitables, la performance de María Vallina, es un conjunto de acciones medidas, casi domésticas, que introducen una fricción sutil entre el cuerpo, la arquitectura y el tiempo de la institución.

 

Morris Louis. Columnas de Hércules. 1960. Acrílico sobre lienzo. 231,1 x 267,3 cm. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid

 

El punto de partida conceptual es Columnas de Hércules de Morris Louis, una obra que funciona más como horizonte que como cita directa. Vallina no dialoga con la pintura desde la ilustración ni desde el comentario formal, sino desde la idea de límite: aquello que separa, sostiene o impide. El museo se convierte así en un territorio que puede ser atravesado, pero no sin resistencia.

Durante la acción, la artista interviene zonas concretas del edificio —muros, ventanas, espacios de paso— utilizando materiales asociados a lo cotidiano: papel, lana, agujas de tejer. La elección es perfectamente razonada. Estos elementos introducen una escala íntima que descoloca la solemnidad del entorno museístico y desplaza la atención hacia gestos mínimos, repetidos, insistentes. En lugar de producir un objeto, la performance construye una situación.

 

Silencio roto para un encuentro en los límites habitables. María Vallina

 

 

El silencio, lejos de ser un fondo neutro, actúa como materia activa. Es un silencio que se estira, que incomoda, que obliga a escuchar el propio cuerpo dentro del espacio. En ese marco, el público varía su posición progresivamente y se ve implicado en una experiencia de percepción ralentizada, donde cada desplazamiento adquiere un peso inesperado.

Silencio roto para un encuentro en los límites habitables propone una pregunta abierta: ¿Cómo se habita un museo? ¿Qué cuerpos caben en él y bajo qué condiciones? La acción no responde; señala. Abre una grieta momentánea en la lógica del espacio expositivo y permite que algo —frágil, precario, casi invisible— tenga lugar.

 

Silencio roto para un encuentro en los límites habitables. María Vallina

 

Con esta intervención, María Vallina sitúa el cuerpo como herramienta de medición y el silencio como forma de pensamiento. El museo, por unas horas, deja de ser únicamente un contenedor de obras para convertirse en un espacio de fricción sensible, donde los límites no desaparecen, pero sí se vuelven perceptibles.

 

 

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