El flamenco, cuando está vivo, nunca es una pieza de museo; es un pulso constante que necesita nutrirse, respirar y mutar para seguir vigente. Esa es la premisa que latió con fuerza en la Sala Manuel Llanes del Teatro Central de Sevilla, donde Savia Project demostró que la raíz honda y la improvisación más libre no solo pueden convivir bajo los mismos focos, sino que están irremediablemente destinadas a entenderse.
Savia Project no es un espectáculo hermético, y precisamente ahí reside gran parte de su indudable magnetismo. Se presenta ante el público como un auténtico laboratorio escénico y sonoro, un “work in progress” en el que la creatividad se muestra en plena ebullición. En el centro de este cruce de caminos se encuentran tres talentos que entienden la tradición como un punto de partida, jamás como un límite. A las seis cuerdas, el toque de José Almarcha —cuyas composiciones destilan un conocimiento profundo de la sonanta— asume un rol discursivo brillante, trazando falsetas que abren el camino hacia armonías complejas sin perder un ápice de jondura. Ese toque preciso encuentra su contrapunto ideal en el ritmo incombustible de Javi Ruibal, quien desde la batería y la percusión domina la métrica para llevarla hacia terrenos inexplorados. Juntos tejen una red sonora sobre la que Lucía Ruibal despliega un baile de enorme plasticidad. Su cuerpo actúa como el elemento aglutinador de la obra; no se limita a marcar los acentos, sino que dialoga con los compases, traduciendo cada síncopa y cada silencio en puro relato visual.
Pero este núcleo no viaja solo. La apuesta por difuminar las fronteras hacia otros lenguajes contemporáneos se materializa con la incorporación de músicos que aportan un riquísimo color jazzístico al conjunto. Los virtuosos vientos de Diego Villegas, el pulso constante y grave de Ale Benítez al bajo, y los sofisticados matices de Oscar A. Rifbjerg al piano y teclado construyen puentes naturales por los que la música transita con soltura. El resultado es una conversación de tú a tú, donde la estructura flamenca no es una jaula, sino un lienzo para la libertad creativa y la improvisación.
Lo más interesante de esta propuesta, que cuenta con el apoyo del Instituto Andaluz del Flamenco en colaboración con la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, es su decidida vocación de ir más allá del mero formato de exhibición. Tras los intensos minutos de cada uno de los temas desplegados sobre las tablas, entre los que destacó Doñana de Javi Ruibal, la jornada se completó con varios enriquecedores coloquios intermedios. Esta dimensión pedagógica permite a los asistentes asomarse a las costuras de la creación, entendiendo de primera mano cómo se articulan el ensayo y la experimentación. Vincular el análisis crítico y el ámbito universitario con el hecho performático dota al evento de una profundidad reflexiva poco habitual en los circuitos convencionales.
Savia Project fluye como el alimento vital que renueva las ramas de un árbol antiguo. Lucía, Javi y José han logrado articular una propuesta valiente, en la que el duende y el swing comparten una misma respiración, dejando la certeza de que a este brote aún le quedan muchas tablas por conquistar.





