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Hace poco estuve charlando con la docente, intérprete y creadora multidisciplinar Carlota Berzal. Esta profesional aragonesa asentada en Sevilla, ha sabido desenvolverse en los márgenes que hay entre la performance, la danza contemporánea y el teatro contemporáneo, dada su incansable búsqueda por dar con el formato que más se adecúe a los proyectos en los que se ha embarcado.

 

Ahora bien, esta entrevista consta de dos partes, esto es: En la primera parte, nos habíamos aproximado a Ofelia Vegetariana, a LO QUIERO TO y a lo que le ha supuesto haber actuado en los lugares más dispares del mundo. En esta segunda parte, hablaremos de Anexo a Mi Bandera, Mi Bandera, Anoche no pude dormir, Filipo, sobre otros proyectos en los que ella está involucrada (La Decadensia y Corea grupo musical), para finalizar con una introducción a su última cocreación, Imaginario Corporal: Efecto Migratorio.

Sin más que añadir, les doy paso a la última parte de lo que fue mi conversación con Carlota Berzal:

-¿Por qué ustedes llamaron a “Anexo a Mi Bandera” “conferencia performática”? Y ¿Qué es una “conferencia performática”?

Este dispositivo lo trabajé cuando estuve en la producción de “Mis viajes: Memorias Coreográficas” de la coreógrafa argentina Marina Sarmiento para el Festival Buenos Aires Danza Contemporánea en el 2017.

De todos modos, esto se lleva haciendo desde los años sesenta/ setenta. La cosa es que yo tomé ese formato el cual te permite la licencia de entrar y salir en lo escénico.

-En “Anexo a Mi Bandera” las partes escénicas y las más explicativas se complementaban entre sí, es decir: si ustedes se hubieran quedado en explicar toda esa cantidad ingente de material audiovisual que ustedes compartieron con nosotros, la cosa se hubiera quedado en una clase universitaria (para lo bueno y lo malo). Ello puesto en diálogo con esas escenas en modo work in progress que, posteriormente, se verían transformados en “Mi Bandera” como tal.

Ojalá las clases en las universidades fuesen así.

Personalmente, me gusta probar cosas nuevas, y en este caso me apetecía que el propio proceso fuese una obra.

Por supuesto que tiene ese “olor” a work in progress, como cuando pones los comentarios del director en la película.

Por otra parte, tuvo mucho recorrido Anexo a Mi Bandera, porque fue montado durante la pandemia y, dado su formato audiovisual pudo estar en muchos festivales online. Entonces, estuvo en Países Bajos, Paraguay, Croacia, etc.…, gracias al formato de video de “falso directo”. Además, fue una época en la que todos teníamos ganas de ver cosas y probar cosas nuevas.

 

 

Anexo a Mi Bandera

 

 

-De hecho, si no hubiésemos pasado por ese “royo online” tan 2020 (que fue una porquería), quizás yo no me hubiera topado con ustedes por redes sociales. Ya que salvo a Lorena Ávila, yo no conocía a Ro Menéndez ni a ti.

Varias personas me han dicho que Mi Bandera no tiene nada que ver con lo que había hecho antes o que no la habían entiendo… Me encantó que fuese así, porque como te digo, me gusta indagar en lo desconocido y no quedarme en una zona de confort como creadora.

-Para mí “Mi Bandera” es un trabajo en el que el marco conceptual es tan grande, que ustedes son sólo unas intérpretes en todas las dimensiones posibles, he allí que te reconozca que yo no hubiese seguido bien el hilo a “Mi Bandera”, si antes haber analizado “Anexo a Mi Bandera”.

En cambio, en tus piezas anteriores ello lo equilibras de otro modo. Y no lo digo como algo malo, sino porque la propia pieza lo pedía.

Pienso que sería muy difícil conseguir ejemplificar mi modo creativo viendo una sola obra de las mías. Y si yo tuviese que hacerlo, siempre escogería la última.

-“Mi Bandera” es una pieza que tiene y necesita todos sus “puntos de fuga”. Es más, esta obra está tan fragmentada que, en un momento dado, pudiste haber organizado las escenas con otro orden, y el contenido se hubiera mantenido intacto.

Esos son los momentos donde digo que los espectadores hemos de aprender a mirar una obra que se sale de lo común, o te vas a quedar medio “mareado” tras la representación de la misma.

A mí me cuesta mucho hacer una obra con el fin de que toda la gente la entienda. Si bien es cierto que, en LO QUIERO TODO estamos en un terreno de lo cotidiano, en realidad, mi objetivo es que a la gente le llegue.

Por otro lado, a veces es peligroso estar en el límite entre la danza y el teatro, como sucede en Mi Bandera, porque los del teatro quieren entenderte de una forma teatral, y los de danza, en ocasiones, les sobra parte del texto.

A mí me interesaba para esta obra un planteamiento pictórico, que la obra se dividiese en cuadros más que en escenas o capítulos.

 

 

Mi Bandera. Foto: Rafa Núñez Ollero

 

 

-De cualquier modo, no se me ocurre plantear la idea de identidad en el sentido más amplio del término (que, de eso, precisamente, va “Mi Bandera”) si no muestras danzas folklóricas,

una manifestación política, etc.…, en medio de una época en la que estamos en una crisis de símbolos, es decir: ya no sabemos si esa bandera que se asume que representa a un país determinado, realmente lo representa, pero, sin embargo, sus ciudadanos no tendrán ningún reparo en reconocer cuál es su nacionalidad. Puesto que ese símbolo se creó bajo una lógica muy concreta en una época muy concreta.

Entonces, si no se “gira” ese “cubo” que es la forma que tiene la obra, es complicado confirmar que su núcleo es el mismo, independientemente, de la “cara” que se nos esté mostrando.

A mí me gusta esa frase que también se dice en Anexo a Mi Bandera: “Las banderas son telas con sangre, y las murallas son cárceles cerebrales”. Ella salió de un contexto muy concreto, en el que había visto imágenes de las manifestaciones por la independencia de Cataluña y el Estallido Social de Chile de 2019. A lo que yo me pregunté cuál era el sentido de reivindicar con una “tela”.

Yo nunca me tomo mis obras como algo cerrado: Cuando empiezo el proceso creativo, siento como si se me abriese un camino y me permito experimentar.

-Si te sirve de algo, “Mi Bandera” me parece un buen trabajo.

La verdad que es de las obras que menos he representado. Me gustaría volver hacerla para volver a replanteármela.

-En contraposición a “Mi Bandera”, la estructura de “Filipo” (tu primera creación) está mucho más clara, empezando por eso de que todo va a alrededor del protagonista, Filipo, se la pasa todo el tiempo barajando la opción de suicidarse. Por eso me recordó a la película “Wilbur se quiere suicidar” de Lone Scherfig, ¿la conoces?

Claro que sí, es una de las referencias de la obra. Wilbur se quiere suicidar es una película hermosa. Además, es de las pocas películas donde he visto a mi padre llorar.

Por otra parte, yo le tengo mucho cariño a Filipo, la he movido mucho, en especial, en Argentina. Y he notado mucho mi evolución desde la Carlota de diecinueve años, a la de veinticuatro años (con dos o tres años representándola en Argentina) y a la de día de hoy.

A mí me encanta dirigir, escribir y estar “fuera”, y me gustaría seguir haciéndolo. Es super enriquecedor, sobre todo, cuando estamos todo el equipo a tope. En el montaje de España, nosotros ensayábamos de siete a nueve de la mañana en la ESAD antes de empezar las clases.

 

 

Filipo. Foto: Juan Nasra

 

 

-En el pase que tuvisteis en la Sala Cero (Sevilla) se nota mucho lo que me estás contando, es decir: un grupo de actores “matados” con un montón de ganas y horas de trabajo invertidas. Ello, justamente, forma parte de la ternura que transmite “Filipo”.

Ahora imagínate, mi impacto porque, por casualidad, fue la última pieza que he visto de La Turba. Aunque ello no entra en contradicción con que haya identificado indicios de la Carlota que seguirá haciendo cosas de artes escénicas en el futuro, es decir: hay un humor ácido; es una creación multidisciplinar; personajes en situaciones patéticas, pero en realidad tienen mucho más contenido del que parece; otros personajes están “borrachos de sí mismos”; etc…

Sí, sí. Es la primera obra que la perspectiva la puse en un hombre, no en una mujer. Fue muy bonito hacerla en Argentina con actores que llevaban mucho tiempo trabajando y yo tenía veinticuatro años. Mientras me preguntaba: “¿En qué momento confiaron en mí?”.

-Cuéntame más sobre eso de “exportar” a “Filipo” a la Argentina.

Fue super enriquecedor, porque, al mismo tiempo, cada uno te va aportando su experiencia. La obra se transformó. Sinceramente, tengo muchas ganas de volverla hacer.

-Hay muchas personas que recuerdan con sonrojo su primera obra. De hecho, más de uno diría: “quema eso, y que no quede rastro”: Me parece un lujo que conserves ese cariño por “Filipo”.

Evidentemente, a día de hoy, cambiaría cosas. En su momento, me llegué a plantear montar una trilogía: Filipo, Marga y presentador. Después vinieron otras cosas y tocó aceptar el rumbo que me ha conducido a estar hoy en Dinamarca.

-En el caso de “Anoche no pude dormir” diría que es una obra sencilla, sin ninguna pretensión, pero cuando realmente conectas con ella, resulta muy dura de ver.

Sí, es una obra que también le tengo mucho cariño. Trabajé con Cristina Reyes, presidenta de Asociación de Ataxias de Sevilla (la misma enfermedad que tenía mi madre), y ello nos valió como impulso y motor, no como algo que resta.

-De cualquier modo, a las personas de este colectivo les resulta difícil dormir todas las noches, o dar con una postura que no les cause mucho dolor, ¿no?

Sí, en Anoche no pude dormir ella se va convirtiendo en muchos personajes, mientras duerme.

Eso me hace retomar el tema de los límites, el cual siempre he trabajado en todo el repertorio de La Turba. Yo provengo del campo del teatro y la danza contemporánea, en donde para mí la forma y la técnica nunca han sido lo primordial. A partir de ahí, los límites están marcados de otra manera.

-Claro, porque ambas cosas deberían ser entendidos como un recurso para contar cosas, no el objetivo.

Exacto. Para mí la forma no debe ser algo que deba delimitar la obra ni el lenguaje con el que trabajo. Por eso muchas veces me ha costado definirme en un único lenguaje. Es más, yo no me ubicaría dentro de la danza contemporánea ni en el teatro, ya que no cojo sus códigos al completo sino los mezclo.

-En “Anoche no pude dormir” no haría falta, puesto que los movimientos de la intérprete, Cristina Reyes, son muy orgánicos. A la vez es creíble lo que hace, dando la sensación de que, nosotros los espectadores, estamos viendo a través de una de las paredes de su habitación.

Sí, cuando Cristina Reyes la representó en el Festival Visibles (Madrid) fue muy bonito, porque fue la primera vez que actuó y bailó ante un público.

Por otra parte, una coge parte de su propia vida para poderla transformar, y así lo delimitante se convierte en algo creativo. Mi herencia familiar, lamentablemente, siempre ha estado condicionada por el “no movimiento” (a mi madre nunca la vi correr), y eso lo transformo en algo escénico.

Durante todo este tiempo he estado impartiendo el curso La Belleza en lo Deforme, desde la premisa de que todo el mundo puede moverse y todo el mundo puede expresar su “rabia” mediante el movimiento. Cada vez que hago ese curso siempre salgo refrescada y disfrutona de ver a la gente moviéndose.

 

 

Anoche no pude dormir. Foto: Lalo Deho

 

 

-Eso es muy valioso porque les muestras a esas personas que, de primeras, ya están muy limitados en su margen de maniobra, que son capaces de crear y de desenvolverse por sí mismos. Sin estar bajo el imperativo de reproducir algo que se ha hecho canónico por el motivo que fuere.

Totalmente, la técnica no tiene por qué ser la pretensión, sino un canal.

-¿La habéis representado más veces?

Por ahora no, y espero hacerla más veces en más sitios.

-Ahora me gustaría hablar del proyecto La Decadensia que tienes con María Cazenave. Proyecto que con “Las Desqueridas”, consiguió que ustedes fuesen nominadas a “obra revelación” en la edición de los Premios Lorca de 2024.

Sí, La Decadensia lleva muchos años: empezamos en 2015 con piezas cortas, hasta Las Desqueridas. En el inicio, hacíamos cosas similares al “cabaret” y actuaciones en espacios no convencionales con un humor muy descarado, “sin maquillaje” (por así decirlo). Con el fin de contar un poco nuestra vida, mientras hacemos pública nuestra relación de amor- odio que hay entre nosotras.

-Una de las cosas más potentes de “Las Desqueridas” es que hay veces que os queréis y otras estáis a punto de tiraros cosas a la cabeza, a la vez que vais interpelando al público expresando: “veis lo que tengo que aguantar”. Todo ello bajo la premisa de que hay que continuar con esta vida, y eso no tiene por qué ser una tortura.

Por otra parte, el tema del amor/ desamor es universal, a la vez, queríamos tratar de las rupturas y de cuando una cae en la cuenta de que ha repetido patrones.

-Es genial cómo lo bailáis, os reís de vosotras mismas… En ese sentido, sois unas “anti- heroínas”. Lo mejor es que ustedes no pretenden “aligerar” nada, todo lo contrario, cuando ustedes están fumando una al lado de otra meditando lo que habéis vivido, ello señala de que esto que habéis compartido con el público, sigue latente.

Sí, y así una aprende a amar a partir de personas con las que la cosa no ha funcionado. Asimismo, una va avanzando en la vida gestionando el duelo, porque la vida también es muerte. Por tanto, hablamos de cómo en el duelo dejamos morir una parte nuestra (en cierta manera), por eso es importante darle su espacio para luego convertirlo en otra cosa.

-Está bueno “soltar aire” y dejarse llevar por momentos de dispersión, a la vez que es imprescindible ser consciente de lo que se ha vivido. De lo contrario, es posible volver a caer en esas dinámicas tan perniciosa para la salud de uno.

Por otra parte, abordáis el estigma que hay entorno al “enamoramiento”. En esta línea, creo que “Las Desqueridas” defiende que lo que realmente puede ser una perdición, es volver a caer en los mismos patrones hasta el infinito. En el fondo, todos queremos ser queridos y ofrecer amor. De hecho, me atrevería a decir que todos preferimos dar que recibir.

Totalmente. Siempre estamos buscando el amor. Es más, los que nos movemos en el campo de las artes escénicas estamos dentro de un mundo de amor, sino nos entregaríamos con tanta devoción. Porque no es un sector en el que uno va a “picar billete” y demostrar que ha hecho tantas horas de trabajo.

Si no amásemos lo que hacemos nos costaría levantarnos, estaríamos un poco deprimidos. Los hay que no saben qué amar y no saben dónde se encuentran, lo mismo que le pasa al protagonista de “Filipo”.

-Para mí “Las Desqueridas” es una absoluta maravilla: la disfruté mucho.

Nosotras disfrutamos mucho haciéndola. Además, esta temporada hemos actuado a través del programa de la Diputación de Sevilla, facilitando que la representásemos en diversos pueblos y frente a mujeres de todas las edades. Es muy emocionante hablar en esta obra de la sexualidad, de la masturbación u otros temas que nos conciernen a María y a mí para otra generación más mayor que igual se ríe y disfruta con nosotras.

-Es una obra que merece girar por toda España.

En junio actuaremos en Madrid y Barcelona, y tengo muchas ganas de moverla en el futuro por muchos lados.

 

 

Foto: Juan Antonio Gámez

 

 

María Cazenave es una gran profesional y parece una buena compañera de aventuras.

María es lo peor y lo mejor.

-¡Qué lindo!

Me imagino que esos “chascarrillos” que aparecen en “Las Desqueridas”, se habrán originado de cosas que habéis vivido juntas.

Sí, son reales.

-No nos podemos olvidar de hablar de Corea Grupo musical…

Durante seis años de mi vida estuve tocando el piano, luego lo empecé a meter con mi primer solo, Todo lo que no soy, y me entraron como ganitas de seguir experimentando con él. Al tiempo, conocí a Montse Rueda, Mariluz Montesinos y Raquel Lao, y formamos una mezcla multidisciplinar de cara a hacer otro concepto de música, entendido como “música escénica”. En donde hemos experimentado con sonidos y formatos.

Nuestra idea es grabar un EP. De todas formas, la cosa va muy lentita porque vamos disfrutando del propio proceso.

En un concierto que hicimos en enero de este año nos fue muy bien: vinieron gente que admiramos y queremos mucho. Eso es muy guay, porque sientes que les ha llegado nuestra “locura inmersiva”.

Esto parte de un mundo más sonoro, pero el movimiento y lo escénico no deja de estar presente: no lo podemos evitar.

-Cuando vi ese concierto del que hablas y lo pongo en diálogo con la pieza “La chica del Grupo”, me quedó claro la elasticidad de vuestro proyecto. Así, está en vuestro poder priorizar qué queréis en ese momento compartir en escena.

“La chica del grupo” es una obra de teatro musical, y en ese concierto vuestras coreografías (o como prefieras llamarlas) reforzaban a la totalidad de lo que ustedes hacían. De esta manera, se venga del mundo de la música o de las artes escénicas, todos tenían a su acceso un lugar de por dónde agarrarse.

La chica del grupo es diferente, porque fue un proyecto de Sario Téllez y Montse Rueda, lo que hicimos fue colaborar con la música.

Ya en la idea de Corea, en la composición de los temas del concierto, la coreografía, la dramaturgia o la puesta del propio del concierto sí que estuve implicada.

-Me sorprendió que se hiciera un concierto en Sevilla con “aires” a lo de KEXP o a lo Tiny Desk.

Yo iría a Kexp encantada.

 

 

Corea. Foto: Rafa Núñez Ollero

 

 

-Pues, buscar la manera de lanzar vuestro proyecto…

Para terminar, ¿Qué nos puedes adelantar a las personas que vayamos al Teatro Central (Sevilla) los próximos 3 y 4 de mayo, a ver “Imaginario Corporal: Efecto Migratorio”?

Esto viene de otro de los retos que me he metido, que es: “ahora no quiero dirigir, quiero que me dirija otra persona”. El de la idea original fue Cristóbal Santa María Cea (o sea, lo de juntarnos, montar la obra y el nombre de la misma), pero después yo asumí la producción dentro de la Compañía La Turba.

Después contactamos con Poliana Lima (que yo no la conocía de absolutamente de nada) para proponerle hacer esto.

-¿Así de “loco”? ¿Sin conocer nada de su trabajo?

Sí, sí.

Tuve una intuición “bruja”. Ahora nos amamos y nos respetamos muchísimo, porque encajamos en el lenguaje: la manera de entender el movimiento fuera de la forma, la manera política de entender el movimiento… Lo único que puedo decir es qué felicidad la intuición que tuve.

-¿Qué tal fue la recepción del público cuando la estrenasteis el año pasado en los Teatros del Canal (Madrid)?

Fue una co producción con los Teatros del Canal, haciendo que fuese mi primera co produciendo con un teatro de forma oficial.

Fue un lujo trabajar con Jesús Díaz Cortés en la iluminación (que, posteriormente, se llevaría un Premio PAD por ello), Álvaro Mansilla Villalpando en el espacio sonoro, Fernando Vilchez (documentalista), Gloria Trenado (vestuario) y luego también, y repetir con Ricardo Mena en la dramaturgia.

Estar dentro de un equipo cuyos integrantes no he trabajado con ellos antes, fue todo un reto. Partiendo de que todos teníamos la intuición de que todo saldrá bien.

-Todo ello mientras celebras los diez años de La Turba, actuando en el Teatro Central. Un teatro que se ha creado una especie de “trauma” en el que mucha gente se pregunta si algún día se contará con uno (o algo así) para ser programado.

Actuar en el Teatro Central me parece maravilloso, pero no es la meta en mi carrera como vengo explicándote.

Evidentemente, yo le tengo mucho cariño, porque allí he crecido viendo conciertos y compañías que me han influenciado mucho. De hecho, si estoy en Sevilla suelo ir al Teatro Central.

Por otro lado, dentro de lo que hay en Sevilla es el mejor para representar la obra: a nivel técnico, de espacio, etc.… Lo suyo es que se represente lo más parecido a como se hizo el día de su estreno.

 

 

Imaginario corporal. Foto: Fernando Vílchez

 

 

-Otra vez leo una de tus sinopsis, y no sé con exactitud qué me voy a encontrar. Lo digo más que nada, porque tus piezas suelen estar muy abiertas…

Lo que sí que te vas a encontrar son dos mundos: lo que va a pasar, dos personas bailando durante cincuenta minutos. Y en el otro, es los que se va contando a través de los subtítulos. Lo cual, por otra parte, fue una decisión muy acertada por el grupo.

Para mí es como si se pusieran dos películas a la vez. Esto permite que los espectadores presten atención a dos mundos y seleccionen qué quieren ver o lo combinen.

Si se sientan arriba del todo, los espectadores podrán tener la perspectiva completa de la obra (lo digo como una recomendación).

Los textos fueron sacados a partir de historias de Cristóbal Santa María, del equipo en general y mías.

-¿Consideras que esta pieza está conectada de alguna manera con “Mi Bandera”?

Evidentemente, el tema de la identidad está allí, aunque coge más fuerza lo relacionado con la migración. Toma en cuenta que en Mi Bandera hablamos sobre cuál es el lugar de cada uno, en Imaginario Corporal: Efecto Migratorio trata de quién eres cuando uno se va de su lugar de origen.

Hay una frase que me encanta de la obra, que me parece filosofía de vida, escrita por Ricardo Mena: “Cada cierto tiempo hay que mudarse”. Me parece inspiradora y regeneradora. Me identifica muchísimo porque con cada proyecto me mudo de formato, de país… Esas palabras definen en cierto modo mi trayectoria profesional y personal.

 

“Cada cierto tiempo hay que mudarse”

 

 

 

Carlota Berzal: “La contradicción es una parte esencial de mi proceso creativo”

 

 

 

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