La Plaza de España echa el cierre a otra edición de infarto. Los datos son cristalinos: casi 370.000 personas pasaron por el recinto, dejando en la ciudad un impacto económico que ronda los 193,5 millones de euros. Y vuelve a corroborarse que el público hispalense no falla: más de 259.000 de las entradas se quedaron en casa.
Artísticamente, ICÓNICA ha vuelto a apostar por la amplitud antes que por una identidad musical concreta. Por la Plaza han pasado Califato ¾, Aitana, Raphael, Viva Suecia o La Plazuela, junto a Robbie Williams, Lenny Kravitz, Juan Luis Guerra, Marilyn Manson, Moby, Rubén Blades, Jamiroquai, The Prodigy o Sting. La electrónica ha tenido además un peso propio, con noches encabezadas por Fatboy Slim, Charlotte de Witte, Marco Carola, Paco Osuna o Andrés Campo, ya no como mero complemento sino como parte esencial del cartel. Más que una línea estética, lo que define hoy a ICÓNICA es precisamente su capacidad para cambiar de público, sonido y ambiente de una noche a otra. Esa diversidad se ha extendido más allá de los conciertos: la Plaza acogió una jornada dedicada al Orgullo y también se convirtió en punto de encuentro para seguir el Mundial, con la retransmisión de la semifinal entre España y Francia antes del concierto de Fatboy Slim.
Las cifras prolongan esa impresión de crecimiento. Entre el 4 de junio y el 18 de julio, el festival reunió a 369.192 asistentes a lo largo de una treintena de noches, una cifra que, según la organización, convierte a ICÓNICA en el festival musical con mayor asistencia de España este año. Los 369.192 asistentes de 2026 suponen un incremento de algo más del 30 % respecto a los 277.000 registrados el año anterior, en una edición que colgó el cartel de «no hay entradas» en siete jornadas.
Otro de los datos destacados es la creciente internacionalización del público. ICÓNICA contabilizó 60.999 asistentes extranjeros, un 16,52 % del total, procedentes principalmente de Portugal, Reino Unido, Italia, Estados Unidos, Francia, Alemania, Países Bajos, Irlanda y Bélgica. En 2025 se habían registrado 46.259 entradas internacionales, de modo que el incremento supera el 30 %. Desde su primera edición, celebrada en 2021, ICÓNICA asegura haber superado ya el millón de asistentes.
El crecimiento del festival también se refleja en su impacto económico, cuyas cifras son aún provisionales. La organización estima en 193,5 millones de euros el efecto directo generado en Sevilla, frente a los 155 millones atribuidos a la edición anterior. A ese impacto directo se añaden otros 101,3 millones correspondientes a la valoración económica de la repercusión mediática, con lo que ICÓNICA cifra su impacto global en 294,9 millones de euros. La celebración del festival habría generado además cerca de 3.500 empleos directos y movilizado a 350 empresas, 280 de ellas sevillanas y otras 70 del resto de Andalucía.
Los números, al menos, ayudan a poner las cosas en perspectiva. El presupuesto específico destinado a la conservación de la Plaza de España ha pasado de unos 75.000 euros anuales en 2021 a 200.000 en 2026, un incremento cercano al 167 %. A ello se suma el canon de 190.000 euros que ICÓNICA abona por utilizar el recinto. Fuentes del festival sostienen que esa aportación está vinculada al mantenimiento del monumento.
Pero no todo el monte es orégano. Este año se han intensificado las críticas por el uso de la Plaza de España como escenario para actividades promovidas por empresas privadas. Algunas opiniones tienen algo fundamento, otras, bastante menos. Hay mucha desinformación, desconocimiento y preocupación enturbiando el asunto. Buena parte del ruido procede de vídeos de Instagram de factura más que discutible que amplifican cualquier supuesto desperfecto, enfocan con lupa una baldosa, una barandilla o una marca en el suelo y pasan por alto las medidas de protección y conservación desplegadas alrededor del festival. La polémica llegó incluso a la calle, con una manifestación contra este tipo de utilización de la Plaza que tuvo una participación reducida.
Que esta cifra de manifestantes fuera baja no significa que no haya asuntos que necesiten más vigilancia: las botellonas previas a los conciertos en el entorno del Parque de María Luisa. Que ocurran puede resultar previsible; que sean previsibles no las convierte en legales. Las botellonas están prohibidas y, aunque se trate de un efecto colateral que sucede fuera del recinto, cuesta sostener que la organización y la Policía puedan desentenderse completamente de un problema que se reproduce en un entorno que hay que cuidar. Si hubiera que señalar una objeción seria a ICÓNICA, probablemente estaría ahí antes que en los vídeos sin fundamento que circulan por las redes. Y la solución, en principio, no parece especialmente compleja ni pasa necesariamente por trasladar los conciertos a La Cartuja, una de las soluciones recurrentemente defendidas por las asociaciones antes mencionadas.
Volviendo a lo estrictamente relativo al lugar y momento de los eventos de ICÓNICA, los responsables del festival han dejado entrever, sin ofrecer todavía demasiados detalles, un proyecto destinado a explicar con mayor transparencia cómo se protege la Plaza de España durante el montaje, la celebración de los conciertos y el posterior desmontaje. Esta explicación es necesaria: un festival que ocupa durante semanas uno de los monumentos más reconocibles de la ciudad —manteniendo durante este periodo un horario de visita— no solo debe cuidarlo, sino también explicar y demostrar cómo lo hace.
La maquinaria, además, ya está en marcha para 2027: El Barrio ha agotado con casi un año de antelación las entradas para su concierto del 5 de junio. ICÓNICA no parece haber tocado techo; ahora le toca conseguir que sus argumentos crezcan al mismo ritmo que sus cifras. En ello están.


