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Hace poco estuve charlando con Isachi Pérez Piernagorda y con Vicente Díaz, dos asiduos espectadores de artes escénicas de la ciudad de Sevilla.  Personas que quizás desde el cómo interpretan su rol, ayudan con su testimonio a ampliar conocimientos e impresiones a aquellos que estamos involucrados con dichas disciplinas, desde los lugares de los creadores, intérpretes, docentes, programadores, otros espectadores, técnicos de luces y sonido, estudiantes de artes escénicas, personas que escriben sobre artes escénicas…

 

Dicho lo anterior, cabe recordar que esta entrevista está dividida en dos partes. Esto es: En la primera parte,  dimos una aproximación a los temas que nos resultaron más importantes a tratar sobre lo qué pasa en Sevilla y Andalucía en general en artes escénicas, y el cómo se gestiona su legado. Y en esta segunda parte, se mostrará una conversación sobre varias piezas que se han representado en teatros sevillanos, en los últimos años (obras de las cuales tenéis disponibles mis críticas en la web de este medio).

Sin más que añadir, les derivo con la última parte de esta rica y necesaria entrevista:

-¿Cómo hacéis para conectar con el “mundo interior” de alguien que está representando una obra? Por ejemplo, en el caso de Bárbara Sánchez La Puchereta con su “Morta Splendor”.

Vicente Díaz: Yo creo que fue ella la que conectó con nosotros, más que yo con ella.

A mí lo de Bárbara Sánchez La Puchereta me gustó y me sorprendió, empezando por su título que me hacía pensar que esta obra iba a ser un dramón. Sin olvidar, porque tras haber visto “Várvara” (su pieza anterior) que fue dura teniendo de fondo música electrónica, interpretando el papel de una “santa”. Y de repente ella, esta vez, nos cuenta una historia cercana, con mucho sentido del humor, pero a la vez me causó ternura…

Al final, te daban ganas de ir abrazarla.

-Es fascinante como una cosa que podría parecer “un delirio que tuvo alguien un día”, con una buena ejecución  técnica Bárbara Sánchez La Puchereta, supo dotarle de credibilidad a lo que nos estaba contando. De lo contrario, más de uno hubiese pensado que ella es una “mamarracha”. Es decir: no es que los artistas estén en “otra dimensión” con respecto al resto de las personas, pero ellos son capaces de canalizar unos contenidos de una manera determinada, para realizar un trabajo consistente.

Isachi: Cuando me siento en la butaca de un teatro es para dejarme llevar: hay ocasiones en las que conozco al creador/creadora, y otras  veces tengo que leer algo antes del espectáculo. Me encanta la sensación de no tener que plantearme ciertas cosas, desconectarme de mi rutina diaria… A sí que me concentro y me siento afortunada de presenciar todo el trabajo que hay detrás de esa obra.

Es como si  parase mi mundo, algo que actúa como una terapia que a veces me da respuestas de cosas que, normalmente, no nos damos la oportunidad de hablar en nuestro día a día.

Spoiler Alert: No Somos unos Youtubers Cualquiera. Foto: Iosef Ges y Javier Cubas

Spoiler Alert: No Somos unos Youtubers Cualquiera. Foto: Iosef Ges y Javier Cubas

 

-Cosas como las que comentan ustedes, considero que explicaría el por qué nos sorprende “Spoiler Alert: No Somos unos Youtubers Cualquiera” de Lola Boreal/Aurora Diago. Es decir: Qué de personas de la llamada Generación Z nos rodean; y sin embargo, parece que si estos profesionales no nos concentran su realidad en una pieza como esta, no hay suficientes estímulos para pararnos a pensar en serio al respecto; en especial, si no pertenecemos a dicha generación.

Vicente Díaz: A mí me gustó mucho porque ellos te hablaban de una forma muy directa de lo que ellos sentían, desde eso que se le llama “autoficción”. Además, tenía una buena puesta en escena con un movimiento; una música; el uso de las nuevas tecnologías como pueden ser los móviles (que aunque las obras de normal no los incluyen, ellos los planteaban como un elemento más de nuestra vida cotidiana). Mientras era testigo desde otro lugar, de la visión que tienen las personas de diecinueve/veinte años.

-¿Esta obra les ha ayudado a comprender mejor a las personas de la Generación Z?

Isachi: Sí. Además, pienso que todos nos deberíamos pararnos más a escucharnos los unos a los otros. También es verdad, que una ve a la gente de esa edad, como personas que están en medio de una etapa transitoria, en la que las mismas están equivocadas en la mayoría de las cosas, etc.… En realidad, ellos están en una época tan emocionante e inocente que nos debería conmover a todos. Un trabajo hecho desde una vulnerabilidad, al ellos mostrarnos que  están en una situación mucho más difícil que cualquiera de nosotros.

Me pongo a pensar en qué lugar estaría si fuese ahora joven: creo yo también necesitaría ir a un terapeuta… Hay tantas cosas que ellos tienen que hacer frente, cosas tan distintas y cambiantes en un marco de tiempo tan pequeño, que no da margen a nadie a asimilar nada.

Cuando se habla de la “autoficción”, hay una diferencia de cuando una escribe algo que le ha pasado a una misma, pero ¿Qué es la literatura sino es hablar de nosotros mismos? (eso, precisamente, se le criticaba a la ganadora del Premio Nobel de Literatura del 2022, Annie Ernaux). Si una consigue llegar a la esencia de las cosas que nos afectan todos de un modo u otro, pues, basta poner “la luz” para distinguir las cosas de las cuales no hemos deparado. Y justo esos jóvenes poseen esa fuerza para hacerme sentir reflejada en lo que ellos nos estaban contando.

Vicente Díaz: Además, tú (señala a Luis Sosa) tuviste la oportunidad de verla desde otra punto de vista…

-Sí, se acercaron a algunos de los espectadores qué queríamos: “realidad” o “ficción”. A los que escogimos “ficción” nos situaron en unas sillas que estaban en el otro lado de la pantalla en la que se plasmaban las proyecciones. Así, veíamos “Spoiler Alert: No Somos unos Youtubers Cualquiera” desde un punto de vista en el que todo pasaba a través de una “pantalla” (como si fuese la de un móvil o la de un ordenador), sin que ello significase que nos quedásemos más “desatendidos” en relación al restos del público.

Isachi: Claro. Cuando se habla de “autoficción” hay una gran diferencia a cuando le cuentas a una amiga lo que te ha pasado, dado que detrás hay una reflexión. Entonces, había algunos intérpretes del elenco que no eran los mismos con los que se creó la obra, ello es asumible al haber una construcción de un personaje, una dramaturgia, etc.… En ningún momento “Spoiler Alert: No Somos unos Youtubers Cualquiera” se dirigía a llevar a cabo una improvisación (con todo el respeto que me merece).  

-En una línea muy similar, está “Cluster: una autoficción generacional” de La Compañía Exlímite/ Fernando Delgado Hierro/ Juan Ceacero. Pieza que aborda la realidad de las personas que hemos sido incluidas dentro de la Generación Millennial.

Personalmente, esta obra me hizo pasar por una situación muy frustrante porque aunque me pareciese maravillosa , básicamente, en todos sus ámbitos, el que durase doscientos diez minutos no me permitía quedarme con cada una de las cosas que  representaban, las cuales presiento que fueron muy valiosas.

De todas formas les reconozco que a día de hoy, no sabría cómo resolver esta cuestión.

Vicente Díaz: Yo esos doscientos diez minutos que dices, en ningún momentos hicieron que se me hiciese pesada la obra. Al mismo tiempo, me siento afortunado de haber visto “Cluster: una autoficción generacional” al poco tiempo de presenciar “Spoiler Alert: No Somos unos Youtubers Cualquiera”, ya que para mí  fue ver el qué pasaba con los personajes de la última, quince años después a través de “Cluster: una autoficción generacional”.

Isachi: En mi caso, yo fui a esta obra con todos los prejuicios al saber lo que iba a durar. De hecho, no íbamos ni a ir, porque era una hora mala de un domingo…

Luego me he preguntado el por qué le di tantas vueltas al que una obra durase doscientos diez minutos, porque muchas veces me he echado más de tres horas en mi casa recogiendo cosas o viendo la televisión, y no me he planteado lo mismo.

Esto tiene que ver con que “los productos culturales” están tasados en unas horquillas de tiempo determinado, al partir de la base de que nuestras cabezas no son capaces de prestar atención superando un cierto tiempo. Aún así, disfruté de la obra sin si quiera consultar la hora que era.

De cualquier modo, me parece bien que quien haya querido irse en tiempo de descanso, lo haya hecho.

Clúster, una autoficción generacional. Foto: Luz Soria

Clúster, una autoficción generacional. Foto: Luz Soria

 

Vicente Díaz: En realidad, nosotros fuimos gracias a la insistencia de un par de amigos que la habían visto el día anterior en el Teatro Lope de Vega (Sevilla).

Isachi: Sí. Me llamaba un amigo diciéndonos: “fue muy emocionante, tienes que ir. De verdad ve, sino no te insistiría tanto. Y luego comentamos lo que en la esta obra pasa”.

Él no es que sea una persona que va muy habitualmente al teatro, pero hay obras que te hacen pasar por tantas emociones, mientras te explican el qué te está pasando a ti: Ello me resulta tan liberador…

En Cluster: una autoficción generacional” todo estaba tan bien enlazado, que un intérprete se levantaba de una silla y parecía que un montón de cosas estaban por desencadenarse…

Isachi: La música y el humor eran fantásticos, al dotarte de un ambiente acorde a lo que se estaba contando.

-Los momentos más dramáticos te permitían entrar en ellos, sin que ellos hayan caído en una suerte de auto complacencia. Es decir: nunca frivolizaron esos momentos, aunque estaba el humor como recurso que hacía de contrapunto. Y esto lo mantuvieron arriba durante más de tres horas con ocho personas sobre el escenario ¡fue espectacular!

Isachi: Así es. Ellos como generación se dieron mucha caña, lo cual era muy honesto de su parte. Esto fue el producto de mirarse adentro de una misma y ver lo que somos, y preguntarse el qué estábamos haciendo con todo aquello que tenemos a nuestro alcance.

-En consonancia a reflexionar sobre lo que estamos haciendo con nuestra vidas. “La Maldición de los Hombres de Malboro” de Isabel Vázquez, probablemente, no se hubiese hecho o no se hubiese recibido de la misma manera, hace treinta años. Derivado de que llevamos relativamente poco tiempo, en el que los mensajes provenientes de las diversas corrientes feministas han conseguido estar más presentes en la agenda, llegando al punto, de que es más común que la gente se ponga a debatir sobre los temas que las mismas nos ha abierto.

Tú Vicente, en tanto varón ¿Cómo percibiste el cómo “La Maldición de los Hombres de Malboro” aborda las consecuencias de que hayan predominado las masculinades hegemónicas del sistema patriarcal en el que vivimos?

Vicente Díaz: Nosotros la vimos, probablemente, el año del estreno y a mí me impactó. Es verdad que yo me siento más identificado con los hombres que retratan en la escena del “hombre blandengue” que con los que se califica como “hombre malboro” (escena que fue un “homenaje” de Isabel Vázquez a unos famosos comentarios de El Fary, en un programa de televisión en los años ochenta)  

Me gustó mucho porque entiendo que no todas las masculinidades son iguales: eso es absurdo. En 2020 vimos “Se Más Hombres: Una Cuestión Musical” en el CICUS, de una compañía granadina llamada Los Blandengues, que más o menos planteaban lo mismo en el formato de un musical.

-“La Maldición de los Hombres de Malboro” la monta y dirige Isabel Vázquez tras una fase de mayor reflexión, “rescatando” una pieza que había hecho para fin de curso para unos alumnos suyos, cuando ella impartía clases en el antiguo CAD (Centro Andaluz de Danza). Para esta oportunidad, ella  recogió diversos testimonios de sus intérpretes (cosa que quedó reflejada en la entrevista que le hice a Isabel Vázquez a través de este medio en mayo pasado), que fueron puestos en diálogo con lo que ha vivido ella en tanto mujer que ha convivido con su padre, con su esposo, con su hijo…

Tú Isachi, en tanto mujer ¿Qué te pareció esta pieza?

Isachi: Esta obra la consideré muy buena y necesaria. Por un lado, se han hecho muchas obras hechas por mujeres hablando sobre las mujeres, pero en este caso, es una mujer la que habla sobre los hombres. Probablemente, en su montaje ella pudo sacarle partido a muchos de los planteamientos que los propios intérpretes tenían. Y aún así, es interesante el cómo Isabel Vázquez “provocaba” a los mismos, para que salgan a la luz.

El feminismo sin este tipo de reflexiones que tendrían que hacer los hombres, no llegará a dónde tiene que llegar. Sí es que ese “hombre blandengue” del que hablamos, tiene un potencial extraordinario; a lo que se suma, que es interpretada por gente joven que viene de otra manera.

Vicente Díaz: Yo utilizo lo del “Hombre blandengue” porque me hace gracia, y así se puede ir “desactivando” ciertas cosas.

Isachi: A las “masculinidades” hay que revisarlas, sobre todo, porque a muchos hombres ciertos perfiles le han hecho muy infelices. 

Vicente Díaz: Sí es que a un “Hombre blandengue” le puede gustar el fútbol perfectamente.

Isachi: Claro. Y a la vez asumir parte de los cuidados de los niños, atender a sus relaciones…

Vicente Díaz: En muchos ámbitos, mostrarse afectuoso, se ha ido normalizando.

Isachi: Pero todavía sigue presente esa idea de que el hombre no puede manifestar “debilidad” o ternura.

La Maldición de los Hombres de Malboro. Foto: Luis Castilla

La Maldición de los Hombres de Malboro. Foto: Luis Castilla

 

-Eso tiene que ver con confundir la “debilidad” con el mostrarse vulnerable, como si uno fuese una persona menos íntegra. Incluso, ello conduce a muchas personas a perder su “erotismo” ante otras personas, en especial en las relaciones cisheteronormativas.

Uno de los aciertos de “La Maldición de los Hombres de Malboro” es que nos muestra la importancia de reflexionar sobre cómo los comportamientos propios de los “Hombres de Malboro”, nos han afectado a todos a la hora de gestionar nuestras propias relaciones personales.

Isachi: Así es. Y esto está asociado con ser un ser humano.

También  el que se combinen registros del teatro, de la danza…, es maravilloso. Facilitando a que crezcan todas estas disciplinas, mezclándolas en una sola pieza.

Hay quien dice que no le gusta la danza, pues esta obra no es sólo danza, es todo.

-De lo que comenta Isachi, “El Festín de los Cuerpos” de Danza Mobile también se aplica. Es decir: Es una pieza que parece que te “olvidas” de que es un trabajo multidisciplinar. Y de repente, aparece una escena en la que sus intérpretes se “ponen a bailar”.

Encima, esta obra fue estrenada en el año 2018, y aún sigue siendo programada. Lo cual se ha repetido de un modo u otro, con otras piezas de esta compañía, tales como: “Society (políticamente incorrectas)”, o “Helliot”.

Isachi: ¿Por qué se sigue creyendo en esas obras, y por qué en otras no? Ello responde a lo bien que funciona Danza Mobile, con respecto a otras compañías: Deberíamos organizar una conferencia para que ellos nos expliquen cómo lo hacen.

Vicente Díaz: Eso también ha pasado hasta hace pocas semanas, con “La Maldición de los Hombres de Malboro”.

Isachi: Allí ha estado el buen trabajo de distribución de Elena Carrascal.

-Volviendo al “Festín de los Cuerpos” de Danza Mobile, no se puede olvidar la fantástica “desconstrucción de sevillanas” que hizo Manuel Cañadas en la misma, y una cosa que no se nos ha de pasar por desapercibido en ninguna pieza de esta veterana compañía, el señalar la importancia de ceder el “turno de palabra” a personas con algún tipo de discapacidad, mientras están “mano a mano” con personas de cuerpos “normativos”.

No sólo estamos hablando de personas como cualquier otra; sino que además, que ellos tienen sus necesidades, sin tener por qué referirnos a algo desmesurado. Basta con hablar del disfrutar del afecto, de los abrazos y caricias del otro… ¿Desde qué lugar habéis visto esta obra?

Vicente Díaz: Lo bueno de Danza Mobile es que no se ven a personas con o sin discapacidad, sino estás ante artistas.

Isachi: Una entrevista que le hice a Manuel Cañadas, me permitió entender el cómo trabajan, el cómo crean y el cómo se relacionan entre sí. Por tanto,  no es importante si tienen discapacidad o no, ellos apuestan por el arte desde la verdad de sus integrantes.

Entonces en dicha entrevista, él me contó: “un día terminó  la obra, el público aplaudía…,  y una persona se me acercó y me preguntó si yo también tengo discapacidad”.

Ojalá el “Festín de los cuerpos” siga siendo programa para disfrutarla, para compartirla…

El Festín de los Cuerpos. Foto: Raquel Álvarez

El Festín de los Cuerpos. Foto: Raquel Álvarez

 

-Además, este trabajo dirigido por Arturo Parrilla, supo llegar a todos los públicos sin dejar de lado la importancia de hacer una profunda investigación escénica, y rigor en su montaje. Por tanto, la pueden entender y gozar un adolescente de quince años y nuestras madres.

Y claro, si nos acercamos al caso de “Castigo de Dios” (también de Danza Mobile) uno se da cuenta que a las personas a quienes va más dirigida es a los adultos (aunque no está de más que  niños asistan como espectadores, conozcan la historia de la primera persona que investigó sobre los que tienen Síndrome de Down, para que traten como un igual a quien se encuentre en su vida). Por más que esté envuelta de una estética “naif”.

Vicente Díaz: Así es. En el Festival Escena Mobile que ellos organizan, llevan un par de ediciones juntando a creadores y creadoras andaluzas con bailarines de su compañía. Profesionales como Laura Morales ha trabajado con Helliot Baeza, con quien montó la  pieza «Soy Todo el Mundo», que les ha llevado a actuar en Madrid, en Corea del Sur, etc.…

-También de esas colaboraciones nació “Espejo” de Vanesa Aibar y Helliot Baeza, la cual fue seleccionada en dentro de la Red Acieloabierto de este año.

Esta pieza y otras tantas de Danza Mobile, tienen una profundidad su contenido, que merecen ser estudiadas al menos un par de veces.

Isachi: Uno de los mayores reconocimientos a su trabajo que han recibido, fue cuando se le concedió a Helliot Baeza a “la mejor interpretación” por su  interpretación en “Helliot”, hace unos cuantos años en los Premios Escenarios de Sevilla. Y no se le dio por una mención especial por tener alguna discapacidad.

Ello me hace pensar sobre si son necesarias las  categorías que diferencias a las personas con discapacidad de las que no tienen. Porque ellos también son creadores que se expresan y que quieren comunicarse contigo. Una vez entrevisté a Helliot Baeza, y fue muy difícil porque a él la comunicación verbal le cuesta. Pero cuando le ves bailar una dice que no le hace falta hablar.

-Por eso cuando uno analiza las piezas de Danza Mobile hay que centrarse en la calidad de las mismas en sí, y en nada más. Ello enlaza con lo que me dijo Esmeralda Valderrama (cofundadora de esta compañía, docente, etc…) cuando le entrevisté a través de este medio en primavera del año pasado. Esto es: “ojalá todavía no fuera necesario el Festival Escena Mobile, o que no necesitáramos el apellido “inclusivo”, etc…”.

Como si ello fuese poco, hablas con personas que van por primera vez a ver piezas que fueron programadas en alguna edición de dicho festival, y se quedan sorprendidas porque partieron de un nivel alrededor del menos cincuenta, no desde cero.

Vicente Díaz: Claro, se esperan algo como menos profesional

-Pasemos a hablar de “The Sheep Song” de Tonnelhuis/FC Bergman. Esto es: El Teatro Central tiene una programación de nivel europeo, como si fuese una isla dentro de Andalucía (aunque, irónicamente, esté situado en la Isla de la Cartuja). Y piezas como esta, revelan que en Andalucía nadie sería capaz de financiarse una producción de esta envergadura.

Isachi: Cuando yo voy al Teatro Central es de los pocos momentos que me siento europea. Ya que nos traen producciones de un nivel extraordinario a un precio que es asombrosamente barato. Encima creo que ir a ver cosas como esta obra en el Teatro Central, les ha dado la oportunidad a los creadores andaluces a conocer lo que se está haciendo fuera, sin tener por qué salir de Andalucía.

Vicente Díaz: Cada vez que vamos al Teatro Central, nos solemos encontrar entre el público a artistas de aquí.

Isachi: Así es, y ojalá que este tipo de programación, que es dirigida por Manuel Llanes, dure mucho. Por eso “The Sheep Song”, creo que es muy representativa de lo que estamos hablando.

-Estoy de acuerdo, además si uno no tiene el presupuesto que contaron los de esta compañía belga, una buena técnica, dramaturgia, etc.… Esta idea se queda en el terreno de la imaginación. Dado que materializar que una oveja se vaya “humanizando” (con todo lo que ello implica), no es fácil, por más que el público de parte de sí al estar frente una obra escénica.

Isachi: Fue una obra muy cinematográfica.

The Sheep Song. Foto: Kurt Van der Elst

The Sheep Song. Foto: Kurt Van der Elst

 

-Aunque yo prefiero equipararla con un videojuego de plataformas de dos dimensiones.

Vicente Díaz: Yo fui a verla sin saber a lo que iba, y me sorprendió. Por otra parte, yo me esperaba que hubiera más danza, aún así el que interpretó el papel protagonista fue brutal. Es decir: sus movimientos que se asemejaban al de una oveja de verdad… ¡Vamos, un trabajazo!

Isachi: Con esta programación, los creadores Andaluces también tienen la capacidad de reivindicar que ellos también pueden aspirar a conseguir ese nivel.  Y aún así, nos montan unas grandes historias con los escasos recursos que cuentan.

Vicente Díaz: Por ejemplo con Parece nada” de Guillermo Weickert,  yo flipé.

-Y yo. No obstante, recibió una crítica sin paliativos por parte de Andrés Molinari en el diario Ideal, a raíz de haberla representado hace poco, en el Teatro Alhambra (Granada).

¿Hasta qué punto este tipo de críticas favorecen a que los creadores involucrados, se hagan una auto evaluación de sus trabajos? ¿Hasta qué punto las mismas ayudan a promocionar a ver y a dar conocer a las artes escénicas?

Vicente Díaz: En primer lugar, hizo muy bien Guillermo Weickert compartiéndola en sus redes sociales, porque Isachi lo comentaba, pues, en realidad animaba a ver esta obra.

Isachi: Cuando vas conociendo determinados perfiles que se repiten, que emiten esas palabras tan iracundas, a mí me despierta la idea de que esa obra me va a encantar. Es decir: si “Parece nada” consiguió generar tanto en un crítico, creo que le removió. Y de verdad que  no soy irónica en esto.

De todas formas, hay críticos y críticos, y si eres crítico de arte es porque estas disciplinas te importan y te interesan. Por eso me resultó interesante que él haya sacado a la luz esos sentimientos tan desaforados; eso sí, nunca se ha de perder el respeto, sino parece que hay detrás otra cosa.

Un crítico no ha de escribir en su columna igual que  hablaría en una barra de un bar. Esto tiene que ver con que ellos entran en lugares que no controlan: En vez de reconocer que se les escapa lo que está tratando, lo critican con idea de destruirlo.

Un crítico hace de “filtro” y ha de interpretar la obra porque se presupone que has visto mucho y ha de aportar (porque todo siempre es mejorable). Por ejemplo: Rosalía Gómez que escribe en el Diario de Sevilla, creo que hace unas críticas de danza maravillosas, en las que siempre da con la justa medida. Incluso cuando hay algo que no es del todo de su agrado, no lo “destruye”.

Pienso que para un crítico no resulta fácil hacer una crítica negativa, es más, si es tan destructiva la crítica, mejor ni hacerla. Porque quitan las ganas de los espectadores y perjudicas la trayectoria de un profesional, que a lo mejor, es la única obra que has visto de él.

¿Para qué vamos a denigrar a algo o alguien, con la de cosas buenas que hay que contar?

Parece nada. Foto: CIRAE Florentino Yamuza

Parece nada. Foto: CIRAE Florentino Yamuza

 

-Cuando decido cubrir un trabajo sé que esa pieza me va a aportar algo, y si nos es así, no voy. Y no lo digo como un menosprecio a nadie, sino porque tengo claro cuál mi línea de trabajo.

Isachi: Eso como público, se agradece.

-Yo concibo las críticas como algo que ofrece una labor pedagógica, al entenderse como un servicio público. Por eso defiendo que las críticas de artes escénicas hay que renovarlas, sino nos quedamos en formatos más propios del siglo XIX, o peor aún, ello se convierte en una tarea prescindible.

Vicente Díaz: Nada más lees las dos primeras líneas de esa crítica, que versan: “otro que nos mandan de Sevilla, que fracasa”.  Pero si Guillermo Weickert es de Huelva; y qué más da que la pieza venga de Sevilla o no ¿Qué estás diciendo? Que esa obra estuvo en el Teatro Alhambra porque se estrenó en el Teatro Central.

Aún así me puse a leerla porque la había compartido Guillermo, y ver qué es lo que dice. Y ya con eso que dice que es “un barbudo que está en pelotas”… Yo creo que en el fondo le ha gustado, pero no se atreve a decirlo.

Isachi: Eso mismo pensé yo.

-Me pareció “divertido” que justo haya recibido esa crítica una obra que, precisamente, reflexiona sobre cuál es el papel que hemos desempeñar nosotros los espectadores, y el intérprete/creador, en consecuencia.

Isachi: En defensa de la danza contemporánea, es maravilloso que genere esta reacción, al dotarle de una fuerza.  Ya que lo peor para una actuación, es que pase sin pena ni gloria. De hecho, a mí me encanta leer las críticas de flamenco que son destructivas, y me rio con la amiga que me las pasa. Y me dice: “mira esta crítica que le hicieron a Rocío Molina, después de haber venido con un León de Plata de Venecia”.

La pieza era “Carnación”, la crítica que te digo se publicó en un medio local de aquí (no voy a nombrar ni el medio ni el autor), la titularon con: “Rocío Molina, lo peor de La Bienal”.

Vicente Díaz: Miguel Marín Pavón señaló en sus redes sociales, que un crítico lo calificó como “el mamarracho del tambor”.

Hace dos meses el medio unblogdedanza en el que escribe Mercedes L. Caballero, facilitó que saliese el testimonio de la bailarina Natalia Fernandes, quien contó cómo fue recibida una muestra suya de una obra que estaba en proceso. En la misma intervino un crítico que dijo que ella “no tenía cuerpo de bailarina”. Entonces ¿Qué es tener un “cuerpo de bailarina”?

-En el caso de “Acciones Sencillas” de Jesús Rubio Gamo yo di una crítica negativa, lo cual supuso para mí pasar por una situación incómoda.

Si bien es cierto que es un trabajo en el que uno disfruta mucho del torrente de danza que se extiende por todo el escenario, en la estructura de “Acciones Sencillas” localicé una serie de inconsistencias. Por ejemplo: hubo momentos en cómo fue disponiendo en el espacio a los intérpretes que me recordaban a la pieza “Set of Sets” de María Campos y Guy Nader o a “Rain”  de Rosas/ Anne Teresa de Keersmaeker. Y en verano me reafirme en mi postura, dado que situó a unas palmeras tocando detrás, ello me hacía preguntarme cuál es la diferencia de esta pieza con “Drumming” de Rosas/Anne Teresa de Keersmaeker, etc…

Yo me preguntaba el por qué Jesús Rubio Gamo dio estas soluciones y otras, que no me agradaron. Tomando en cuenta, que al final él posee dentro de sí muchos recursos y mucho potencial por explotar. Más allá de que estén presentes en él, las influencias que habrá recogido como espectador (cosa súper legítima, por si queda alguna duda).

De todas formas, a mí me sigue interesando mucho ver más trabajos de Jesús Rubio Gamo.

Acciones Sencillas. Foto: Jesús Vallinas

Acciones Sencillas. Foto: Jesús Vallinas

 

Vicente Díaz: Personalmente, no tengo las referencias de las obras que has nombrado, por ello parto desde otro lugar.

“Acciones Sencillas” fue una pieza que me gustó mucho, con sus repeticiones. Y no haciendo las coreografías todos a la vez de la misma forma, sino que cada uno se mueva a su manera. 

Isachi: Me gustan las obras de danza que son corales…

Además, vimos a Natalia Fernandes bailar y nos transportó a otro mundo. Y yo ahí lo que percibí fue una danza muy bella, aunque es verdad que no entré en la estructura y esas cosas.

-Para terminar ¿Más allá de cómo desempeñáis vuestros roles de espectadores, qué otras experiencias tenéis con las artes escénicas?

Isachi: Vicente tiene su Currículum…

Vicente Díaz: Yo he bromeado con María González (la que fuera directora del Festival Mes de Danza) diciéndole que me han convertido en  “un monstruo”.

Participé en el montaje y la actuación de “Masacre en Nebraska” de Alberto Cortés, Rebeca Carrera y Andrea Quintana. Para esta obra se solicitó la participación del público del Festival Mes de Danza, ya que iba a ser el acto inaugural de esa edición.

Cuando me lo encontré en las redes sociales me sentí tentado, pero no me veía. Al tiempo, Greta García de las Hermanas Gestring (quien conocimos al participar en el crowfunding de “A Muerte”), me envió un mensaje en el que me sugería que esto de “Masacre en Nebraska” me podría “cuadrar”.

Y me apunté junto a otras diez personas que no teníamos experiencia ni nada, para inaugurar la última edición del Mes de Danza (2019). A modo de las reflexiones generadas a partir de unos espectadores, que hacían alusión a espectáculos que habían visto en sus anteriores ediciones.

-¿Qué supuso para ti estar en el “otro lado del teatro”?

Vicente Díaz: Fue muy divertido, incluso me lo tomaba como un juego, siendo que yo no soy artista ni pienso dedicarme a esto. No obstante, como te ofrecen esta posibilidad de trabajar con creadores que están interesados en montar talleres con personas sin experiencia, pues, lo aprovecho.

Por otro lado, en los “Encuentros Concentrados”  que organizaron la gente de la compañía La Ejecutura, presenciamos muchas cosas de creadores como Alberto Cortés u Olga Magaña, y que posteriormente, hemos querido ver sus espectáculos. Entonces el año pasado me escribió Julio León, informándome que en el Teatro Central iba a actuar La Tristura con “Renacimiento”, porque estaban buscando a “figurantes técnicos” que no sean de la profesión.

Pues me apunté, me cogieron y tuve otra experiencia genial, con sus días de montaje y el primer día del estreno.

También he estado en talleres de Carlota Berzal; de las Hermanas Gestring que venía de su residencia en el programa Ágora, en el que estaban montando “Hacer Amor”; con Lucía Vázquez y Miguel Marín Pavón; con María Cabeza de Vaca estuve en un taller en el que me tuve que desplazar a Córdoba…

Hace no mucho, la artista Anna Jonsson me concedió el premio “Con dos huevos” por mi apoyo a la danza. El cual es un bordado que me hizo ella misma con sus propias manos.

-O sea que tú transciendes eso que suele decir de “espectadores activos”.

Vicente Díaz: Bueno soy una persona curiosa, y estoy agradecido de que estos artistas abran un espacio a quienes no somos de este ámbito.

Supongo que ello te habrá ayudado a ver las piezas de otra manera.

Vicente Díaz: Hay obras que no me gustan, pero uno se da cuenta del trabajo que hay detrás de todo lo que se hace.

Igual si me hubiera gustado más esto de actuar, me hubiera animado.

También participé en el Bailar mi Barriocorrespondiente al distrito Macarena. Pieza que la coreografiaron Alberto Cortés y Rebeca Carrera con música de Rocío Gúzman. O mi “aparición estelar” en el videoclip de las Hermanas Gestring de la canción “Mi novio baila regular”.

En septiembre pasado estuve dentro del proyecto “Transmutación” que se montó en San José de la Rinconada (provincia de Sevilla). Un taller que lo llevó a cabo el Colectivo LaMajara  que luego tendría una muestra al público, aprovechando lo que tienen recorrido con el “dispositivo Labranza”. Por algún motivo esto no llegó a mucha gente, y estuve con un grupo de personas de tercera edad de San José de la Rinconada ¡Fue una gozada!

Isachi: Por estas cosas, es bueno que los críticos también se apunten a estos talleres y los vean. Para que al final ellos terminen siendo algo más generosos.

 

 

Isachi Pérez Piernagorda: “Una siente que forma parte de una comunidad en la que compartimos, y en la que todos somos muy distintos”.

 

 

 

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